Ya no estoy aqui baile

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Adú

“Ya no estoy aquí”, el tercer largometraje del director mexicano Fernando Frías de la Parra, ofrece un conmovedor retrato cinematográfico de la dislocación cultural y la rebelión juvenil. Se trata de un drama épico construido a partir de una descripción auténtica, de estilo documental, de la subcultura kolombiana de Monterrey, México, centrada en una banda juvenil unida no por la violencia, sino por la música. Para el también director mexicano Guillermo del Toro, ganador del Oscar, “es uno de los debuts más memorables de las últimas dos décadas”.

Mientras otros pinchan hip-hop y electrónica en sus fiestas, los adolescentes del grupo “Los Terkos” expresan su individualidad bailando cumbia. Se trata de un género que ha sido adoptado en toda América Latina, lo que se aleja de su origen como baile de cortejo de los esclavos africanos en Colombia. Los Terkos reinterpretan esta música transportadora como algo especialmente agridulce, ralentizándola para que “dure más”.

“Comienza con la música”, dice Frías de la Parra sobre su película, y efectivamente, los ritmos en capas y las melodías sincopadas sirven de hermoso corolario para una historia de inmigración y pérdida. “Siempre estoy jugando con el choque cultural, con el sincretismo, con los fallos”, añade Frías de la Parra. “Me gusta pensar que la espontaneidad es algo que necesitamos”.

Ya no estoy en la banda sonora

Hay algo triste que te ocurre cuando emigras. Te has esforzado mucho de joven para mantener el sentido de la individualidad y dejar de sentir que no perteneces al mundo. Viajas a un nuevo país y se produce un choque cultural. Primero hay que superar la barrera del idioma. También hay costumbres y cosas que se hacen de forma diferente a la de tu lugar de origen, y hay un periodo de adaptación. Describo los primeros meses después de llegar a Estados Unidos como una sensación de estar bajo el agua, o separado de los que me rodean por una pared de cristal tras la que tenía que sentarme, y los sonidos que me llegaban eran confusos o indescifrables. Luego está la parte más difícil: Cuando empiezas a sentirte más cómodo en tu nuevo entorno y con tu vocabulario, empiezas a sentir que tu antiguo yo, el que dejaste atrás en tu país, se desvanece y deja de existir. En cierto modo, todas las personas que emigran pasan por esta transformación. Siempre pienso en el gran cineasta irlandés Jim Sheridan, que decía que él moría cuando dejaba Irlanda y que aquí nacía un nuevo yo. Lo complicado es que nunca sientes que perteneces plenamente a ninguno de los dos lugares.

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Cola de tigre

Ya no estoy aquí es una historia visualmente rica sobre las historias no contadas de los niños que viven en las calles de Monterrey, México. También es una pieza de época muy específica sobre el apogeo del resurgimiento de la cumbia en la zona. El movimiento tuvo su punto álgido a principios de la década de los 20, lo que no quiere decir que la moda de la cumbia no vaya a volver, sobre todo cuando la gente necesita desahogarse tras una pandemia mundial.

La película es un trabajo de amor del cineasta Fernando Frías (quizás más conocido por dirigir Los Espookys). Frías es de Ciudad de México y prácticamente creó su propio grupo de baile de cumbia durante el proceso de realización de la película. Tan cautivador como la belleza de los paisajes es el protagonista de la película, Ulises (interpretado por Daniel García), llamado así por el épico viaje que realiza a lo largo de la película.

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El baile y el pelo de Ulises le hacen destacar entre su pandilla de amigos amantes de la cumbia y no violentos. Son felices mientras puedan bailar; y Ulises, por supuesto, es el mejor bailarín. Esto le convierte en una especie de celebridad en el pueblo. Frías hizo una gran búsqueda para encontrar a su Ulises perfecto.

Cumbia rebajada

El largometraje mexicano Ya no estoy aquí llega a Netflix tras su debut digital en el parcialmente abortado/pospuesto Festival de Cine de Tribeca 2020. La película del director y guionista Fernando Frías de la Parra, continuación de la serie de HBO de 2019 Los Espookys, es -advertencia: los superlativos son inminentes- un maravilloso y posiblemente inolvidable retrato de carácter y cultura teñido de alegría y tristeza. Y he aquí por qué es un visionado imprescindible.

Lo esencial: Ulises (Juan Daniel García) es el líder de 17 años de una banda juvenil conocida como los Terkos. A diferencia de las bandas de los cárteles locales de Monterrey, obsesionadas con el dinero y el control, los Terkos están unidos por su amor a la cumbia, un estilo musical afrocolombiano que ralentizan hasta deformarlo, distorsionarlo y hacerlo extrañamente bello, y lo bailan encorvados con los brazos extendidos, como pájaros gigantes que planean sobre un paisaje. Ulises no es el jefe de los Terkos por sus conocimientos o por su estatus, sino porque su baile es extrañamente elegante y carismático; es reconocido, casi famoso en su barrio por esa expresión artística. Los chicos que se unen a los Terkos adaptan su aspecto característico: ropa holgada y pelo peinado con patillas y un penacho de gallo en la parte superior.

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